Imagínese levantarse por la mañana ante unas vistas realmente imponentes; el Mediterráneo está tan cerca que podría llegar a besarle los pies, y el cielo azul celeste está tan próximo que querría erguirse para tocarlo. A un lado, el pintoresco puerto de Marbella; al otro, refulgen los barcos blancos amarrados en Puerto Banús. Y más allá, Gibraltar y África del Norte, majestuosas en la distancia. Y todo ello, frente al espectacular telón de fondo de la montaña de La Concha de Marbella.
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